Sobre la exigencia

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Hoy voy a hablaros de la exigencia, ya que creo que todos hemos estado en contacto con ella en alguna ocasión y, algunos de nosotros, lo estamos mucho más a menudo de que lo que desearíamos.

En primer lugar, quiero distinguir entre la exigencia externa y la interna. La exigencia externa es aquella que procede de fuera, puede ser de mandatos familiares, estándares profesionales, peticiones de amigos o de cualquier otro lugar, pero, en definitiva, la fuente de exigencia está fuera y, tal vez, nosotros no la compartimos como válida. La exigencia interna es la que nos ejercemos nosotros mismos a pesar de que aquello exigido tal vez no sea realmente importante para nosotros ya que, muchas veces, la base son introyectos generados en el pasado y que actualmente ya no nos encajan.

Los introyectos son creencias que nos hemos tragado, sin cuestionarlas, de pequeños y que seguimos obedeciendo de adultos sin poner en duda su validez para nosotros aquí y ahora. Habitualmente proceden del entorno familiar y, en su momento, las vivimos como verdades absolutas por lo que han pasado a formar parte de nuestro sistema de creencia sin haber sido cuestionadas.

La segunda diferencia se da entre la exigencia “positiva” y la “negativa”, por nombrarlas de alguna manera. La “positiva” es aquella que, siendo coherente con nuestros valores, nos impulsa a llegar más allá. La que, con amabilidad, nos invita a mejorar, a tratar de alcanzar nuestras metas sin desmotivarnos por su dureza y/o irrealidad. La exigencia “negativa” es la que no tiene en cuenta nuestras capacidades y necesidades, la que busca la perfección o lograr unos objetivos desproporcionados y lo que consigue es angustiarnos y, en muchas ocasiones, que renunciemos a intentarlo por la anticipación del fracaso y la dura mirada hacia nosotros y hacia la situación.

El tipo de exigencia sobre la que voy a poner atención es la interna y “negativa”. Dado que está generada por nuestros propios mandatos y que estos, probablemente, fueron creados en otro momento (pasado) y, en muchos casos, a través de introyectos que quizás ya no son válidos para nosotros, considero que es importante que revisemos las bases de dicha exigencia. Es decir, que pongamos atención en que “deberías” se sostienen los mandatos y valorar si estos nos encajan en la actualidad o los hemos llevado con nosotros por inercia, pero al revisarlos nos damos cuenta de que ya no nos son válidos.

Otro factor a tener en cuenta es si encajan con nuestras capacidades y, sobre todo, valorar si tienen en cuenta nuestras necesidades actuales, tanto a nivel cognitivo y emocional, como corporal. Como mencionaba anteriormente, muchas veces estos “deberías” han sido creados en el pasado, es decir, respondiendo a como éramos entonces y es muy posible que actualmente estén totalmente desfasados por lo que se han convertido en algo que nos supone un lastre y una pérdida de energía en lugar de beneficiarnos. O también es posible que sí nos encajen a nivel cognitivo, pero no en el momento concreto en que se activan, ya que podemos estar necesitando, principalmente, descansar. Es tan importante valorar su validez a nivel general como su coherencia con nuestras necesidades actuales.

Algo que nos puede ayudar a gestionar esta exigencia y a transformarla en algo constructivo para nosotros es, una vez analizados y actualizados los mandatos internos, cambiar este “debería” por un “quiero”. De esta forma le quitamos poder al perro de arriba (así es como denominamos en gestalt a nuestra parte tirana) y nos responsabilizamos de aquello que vamos a llevar a cabo, transformando la obligación en decisión.

A modo de resumen, esclarecer qué mandatos o “deberías” actúan como base de nuestra exigencia, actualizarlos al momento presente, valorar su coherencia con nuestras necesidades a cada instante y transformar los “deberías” en “quiero” nos puede ayudar a cambiar de una exigencia limitante a una exigencia que nos beneficia.

Finalmente, os dejo una frase de Emil Ludwig (escritor y biógrafo alemán) que, a mi modo de ver, resume de forma breve y clara parte de lo expuesto en este post:

“Cerciórate de que tus intenciones no sean pretensiones.”

 

 

Miriam Sans

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