Amar nuestra sombra

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He decidido dedicar este post a “Amar nuestra sombra” ya que me parece la parte más importante de amarse a uno mismo. Hemos oído, por lo menos yo, mil y una veces lo importante que es quererse a uno mismo, cuidarse y respetarse. Y  mi experiencia me dice que, en muchos casos, entendemos este “quererse a uno mismo” como amar aquellas partes nuestras que nos gustan y tratar de evitar las que no nos gustan, aquellas que queremos tapar, minimizar o ignorar. Una parte de querernos implica, por supuesto, cuidarnos,  es decir, cuidar el cuerpo con una alimentación sana, haciendo ejercicio, descansando las horas necesarias, etc. También es cuidar las emociones poniendo atención en ellas,  dándoles espacio y cuidar la mente tratando de no intoxicarnos con pensamientos negativos, practicando meditación y de muchas otras maneras. Hay muchísimas formas de cuidarse y cada uno sabe las que mejor le encajan o las que más le convienen. El caso es que, en todo este proceso de tratar de estar más sanos a todos los niveles, en muchas ocasiones, dejamos de lado una parte realmente importante: dar espacio, escuchar y aceptar aquello que no nos gusta de nosotros.

A lo largo de mi proceso de autodescubrimiento y desarrollo personal (que sigue y sigue), en algunas ocasiones me he centrado en tratar de corregir, minimizar o, directamente, pelearme con aquellas partes de mí que no me gustan: las partes más oscuras de mi sombra.  Por supuesto que no lo he hecho con la conciencia de estar negando o ahogando una parte mía, sino con la “buena intención” de querer ser “mejor persona”.  Y, desde ahí, he ido apartando, domesticando e ignorando a mi sombra, acorralándola en una esquina, tratando de que no me moleste. Porque estoy más tranquila cuando no la escucho, cuando no le doy espacio, cuando dejo de verla como propia (aunque entonces, inevitablemente, la proyecte fuera) y cuando no me tengo que hacer cargo de ella.  A veces incluso he confundido esta pelea con el estar “trabajándome” o “puliéndome” y no es así, el verdadero trabajo pasa por poder estar en contacto con mi sombra, escucharla y sostenerla sin negarla ni sacarla fuera de un golpe porque no la quiero sentir dentro.

En realidad, lo que pasa cuando tapamos nuestra sombra, aquellas partes de nosotros que realmente nos desagradan, cuando queremos domesticarla y la maquillamos de otra cosa, es que, tarde o temprano, reaparece y lo hace de una forma aún más evidente. Podrá estar callada durante un tiempo y nosotros podremos creer que la tenemos “controlada”, pero cuando las circunstancias le sean propicias, reaparecerá y lo hará con gran fuerza. Con la fuerza que le da el haber sido ignorada y ninguneada y, en vez de hablar, gritará. Lo hará porque antes no la hemos escuchado y porque necesita expresarse. Porque cuanto más la ninguneamos, más se rebela.

El reto, desde mi punto de vista, consiste en no querer cambiarla, ni minimizarla, en ser capaces de abrazarla tal cual es, de abrazarnos tal y como somos en este momento,  también con las partes más oscuras de nuestra sombra. Como dice Clarissa Pinkola Estés en su libro Mujeres que corren con los lobos: “Amar el placer exige muy poco esfuerzo. Para amar de verdad hay que ser un héroe capaz de superar el propio temor”.

Incluir a nuestra sombra en lugar de rechazarla, este es el verdadero trabajo. Se trata de entender que está ahí por algo, que, probablemente, es fruto de alguna herida y que necesita ser cuidada y aceptada. Posiblemente entonces dejará de necesitar espacio y, al no sentirse rechazada, podrá liberarse ya que la forma de poder trascenderla es, precisamente, dándole espacio.  Como decía Jung: “Lo que niegas te somete. Lo que aceptas te transforma.”.

Remarcar, como he apuntado antes, que estoy hablando de un proceso interno, es decir, sacar hacia fuera, por ejemplo, nuestros celos en forma de enfado para no estar en contacto con ellos, para no escucharlos y, mucho menos, abrazarlos, no es darles el espacio que se merecen, es una forma de tratar de liberarnos de ellos para sentirnos más cómodos sin tener que responsabilizarnos.

Así pues, os invito a escuchar a vuestras “partes oscuras”, a aquello a lo que le dais la espalda o que ignoráis habitualmente, pero que, una y otra vez, vuelve a aparecer. Afinar el oído, a ver que os quieren decir, que necesitan y darles el lugar que merecen, porque también forman parte de vosotros. Recordemos que amar nuestra parte más oscura significa también amar nuestra humanidad.

Para finalizar os dejo tres frases que siento que pueden aportar luz sobre este proceso:

“La realidad hay que tomarla o dejarla, y nadie puede transformarla si primero no la toma”. André Comte – Sponville.

«Uno no alcanza la iluminación fantaseando sobre la luz sino haciendo consciente la oscuridad… lo que no se hace consciente se manifiesta en nuestras vidas como destino…» Carl Gustav Jung.

 “Puedes no estar dispuesto a amar lo que sientes o ves (…) Pero decide amarlo. (…) Y dí: “me amo a mi mismo por odiar esto”.”  Thadeus Golas. Manual de Iluminación para holgazanes.

 

Miriam Sans

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