La Pareja, un mundo dónde descubrirse

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Hoy, en ésta vuelta de vacaciones de semana santa, quisiera compartir con vosotros algunas ideas y reflexiones acerca de la pareja desde la propia experiencia personal y terapéutica. Un mundo dónde uno más uno suman más que dos, cómo bien dice Joan Garriga en su libro El buen amor en la pareja. Un espacio dónde estamos en continuo crecimiento, co-creando un mundo en común desde la experiencia personal y biográfica de cada miembro de la pareja.

Cuando afirmo que es un espacio en continuo crecimiento, me refiero al hecho de que la pareja puede ser un lugar para el crecimiento. Un lugar en que nos encontraremos con el reto de revisar algunos de nuestros hábitos, costumbres y valores. Un espacio dónde fruto del compartir y experienciar juntos, también nos encontraremos con nuestros temores y exigencias, que si no estamos atentos y conscientes marcarán el rumbo de la relación, de nuestra manera de relacionarnos con la persona que amamos.

A menudo, he podido observar que las parejas tienen éxito cuando los dos abren el corazón y la mente a la experiencia del otro, cuando se interesan en el otro sin enrocarse en sus heridas, cuando cada uno se enfrenta a sus temores o a aquello que creen que les duele. Es aquí dónde seguimos descubriéndonos y encontrándonos a nosotros mismos y al otro. A través del vínculo con el otro, en la intimidad, podemos llegar a ser confrontados y desnudados en ciertas ocasiones, dejando espacio para expandirnos hacia lo diferente, incluyendo como propio lo ajeno, lo diferente, reconociéndolo y respetándolo en el otro.

Me gustaría seguir hablándoos sobre las cinco condiciones a revisar para el bienestar de la pareja según Swami Prajnanpad (sabio hindú), teniendo en cuenta que no hay modelos ideales ni esquemas preestablecidos (aunque sí podemos reconocer condiciones que facilitan o dificultan la relación), y que cada pareja debe encontrar su propio equilibrio en esta aventura del Nosotros.

– La primera condición es que sea fácil, que las cosas sean cómodas, y que a pesar de la diferencia cambiemos un poco nuestro estilo afectivo, sin que llegue a ser un derroche de energía ni se avance con pesadez continuamente. Es mejor juntarnos con personas que tengan un estilo afectivo que encaje bien con el nuestro, con nuestra manera de sentir y vivir la vida. El vínculo crece en el intercambio positivo y fácil.
– La segunda condición es que se trate de dos naturalezas no demasiado diferentes, en cuanto que la capacidad de entender al otro no esté fuera de nuestras capacidades. Debe existir la posibilidad de asociación, de complicidad con el otro, de manera que podamos juntos concienciarnos de las diferencias y afrontarlas para poder gestionarlas, de manera que finalmente nos aproximen en lugar de distanciarnos, acabando por comprender y respetar el mundo del otro tanto como el propio.
– La tercera condición hace referencia a que seamos verdaderos compañeros, que nos sintamos mutuamente acompañados en el camino que hacemos en común, el camino que es la vida con sus placeres y sus espinas compartiendo complicidades, peculiaridades, intereses y diferencias.
– La cuarta implica una confianza plena en el otro, en el sentido de creer que el otro quiere nuestro bien y que no nos va a dañar, sabiendo que cualquier vínculo de intimidad implica también momentos que pueden ser desagradables o dolorosos. Es importante, por tanto, sentir que el otro es bueno, que quiere nuestro bien y que confiamos en él.
– La quinta y última es el deseo espontáneo de que el otro esté bien a pesar de nuestros miedos o carencias, consiste en vivir la felicidad a través de la plenitud del otro.

Continuando con variables que facilitan el bienestar de la pareja, me gustaría terminar con una pequeña alusión al equilibrio del dar y el tomar entre ambos miembros de la pareja. En palabras de Joan Garriga: “Se trata de dar lo que tenemos y podemos, y lo que el otro quiere y puede recibir y es capaz de compensar de alguna manera, manteniéndose digno y libre. Se trata de recibir sólo aquello que el otro nos da, queriendo y pudiendo, y que somos capaces de compensar de alguna manera, manteniéndonos libres y dignos.”(1)  Quien termina por sentirse deudor en una relación no está libre y quien se siente acreedor (con derechos sobre el otro) tampoco es libre.

Con el deseo de que las palabras escritas hoy os hayan aportado algo, nuevo o conocido, sobre lo que miraros y mirar a quien amáis, me gustaría terminar con lo que escribió Fritz Perls y que se conoce como la oración gestáltica. Aunque trata sobre cualquier tipo de interrelación humana, en mi caso, tanto personal como profesionalmente me transporta a aquel espacio dónde como pareja deseo moverme y crecer de forma habitual. ¡Hasta pronto!

Yo hago lo mío y tú haces lo tuyo.
No estoy en este mundo para llenar tus expectativas.
Y tú no estás en este mundo para llenar las mías.
Tú eres tú y yo soy yo.
Y si por casualidad nos encontramos, es hermoso.
Si no, no puede remediarse.

(Fritz Perls, Gestalt Therapy Verbatim, 1969)

 

(1) El buen amor en la pareja. Joan Garriga. Ediciones Destino. Barcelona 2013.

 

Imma Reig Vilarrubla

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