La familia, una posibilidad de aprendizaje

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En estas líneas ya de otoño y de vuelta a las rutinas quiero hablaros sobre la familia y sus particularidades, entendiendo que el campo familiar representa un conjunto de campos interpersonales que muchas veces se superponen entre si tal como menciona el autor Mc. Conville (psicólogo clínico). A lo largo de los siguientes párrafos compartiré con vosotros reflexiones, pensamientos y conceptos aprendidos y vividos frutos algunos de mi experiencia profesional y otros de mi experiencia vital actual.

Con la llegada del otoño vuelven todas las rutinas y al igual que en la naturaleza, los paisajes internos se preparan para un gran cambio. Nuevos aprendizajes fruto de las nuevas situaciones que la vida nos ofrecerá dentro del mismo núcleo familiar, donde todos aprenderemos y nos adaptaremos en paralelo a la nueva intensidad de la luz, regulaciones del sueño, colores y olores que la naturaleza también nos presentará.

Tal como dice Mc. Conville, nosotros entenderemos la familia como un todo, un medio donde se organizan otros campos de relación entre dos o más personas que conforman la familia y los cambios en el comportamiento de uno de sus miembros provocan la reorganización de todo el campo familiar. Desde la óptica gestàltica, la familia puede considerarse un medio de contacto, un contexto donde los niños aprenden y desarrollan todo un conjunto de herramientas básicas de contacto y también un estilo de contacto con el otro. El campo familiar es el lugar de entrenamiento de los niños para aprender a organizar su experiencia individual y vital y gestionarla, a la vez, en sus interacciones con los otros. La terapia familiar Gestalt reconoce y entiende que una familia vive y se relaciona de forma sistémica, como un sistema donde sus miembros desarrollan unos roles determinados e interactúan entre ellos sistémicamente.

La estructura de la familia no es estática y nos ofrece a todos sus miembros la posibilidad de renovación, de adaptación a los diferentes ciclos que vamos viviendo. Acaba por ser el lugar donde gestamos como niños los primeros vínculos afectivos, donde se nos da la oportunidad como niños de desarrollar una identidad personal íntimamente ligada a la identidad familiar, la cual nos nutre para afrontar experiencias nuevas, nos ofrece la integración de roles y responsabilidades a medida vamos creciendo y también puede ser una oportunidad para fomentar el aprendizaje y la creatividad individual, así como, también nos ofrece en el modelo que tenemos un modelaje de roles sexuales que nos permitirán después desarrollar los propios.

También me gustaría compartir que es en el contexto familiar donde aparecen sentimientos muy intensos y donde todos y cada uno de los miembros nos llevamos alguna desilusión que nos puede generar sentimientos de enojo y miedo y que justamente es saludable que esto suceda. Es así cuando nos trabajamos y transitamos las frustraciones y nos abrimos a nuevos estímulos que nos ayudan a desarrollar nuevas herramientas que nos ayudarán a todos y cada uno a vivir nuevas experiencias y también en las futuras relaciones sociales que haremos. Es en la familia donde primero aprendemos a expresar aquello que necesitamos, a intentar conseguirlo y a mostrar que estamos dispuestos a aportar para conseguir-lo y, a la vez, cuando no se obtiene también aprendemos a responder a las necesidades del otro y a las propias. Un aspecto importante en las familias y en el proceso de crecimiento de los niños es la manera en que los padres nos mostramos amor entre nosotros, en caso de permanecer juntos, o respeto en el caso de estar separados y, hacia los hijos, la manera en que lo hacemos marca el clima emocional del campo familiar.

Continuaré comentando algunos de los aspectos que caracterizan los sistemas familiares tal como decía Leopoldo Chagoya:

La ternura y el enojo son vitales, ya que es importante que todos los miembros tengamos la capacidad de pedir y dar afecto, que seamos capaces y lo facilitemos y propiciemos en todos y cada uno de los miembros refuerza la autoestima de las personas. En cuanto al enojo, es saludable que se permita su expresión y no represión en el sistema familiar, puesto que mostrar nuestro desacuerdo y sentimientos de rabia hacia determinadas decisiones o actitudes no implica que el afecto o vínculo esencial entre los miembros será destruido por un hecho temporal, permitir la expresión de la rabia permite que el sistema no se cargue y se transforme, que se transite este sentimiento una vez  vivido y expresado.

La depresión y la incertidumbre que se pueden dar en determinadas situaciones vitales que a lo largo de la vida del sistema familiar pueden aparecer. Pueden ser ejemplos las muertes repentinas de algún miembro/s, las separaciones, enfermedades, etc., llorarlo juntos, no esconder la tristeza y la incertidumbre que nos produce el cambio de escenario fortalece los vínculos y ayuda a vivir el cambio de manera saludable.

La individualidad y la dependencia y la disolución del sistema, hace referencia a qué cada cual tiene necesidades, pensamientos y sentimientos diferentes y existen roles dentro del sistema y que este nace, crece y se disuelve, finalmente, para volver a la pareja o la individualidad de los inicios.

La comunicación, los límites, la rebelión, las funciones (que con el tiempo se van ampliando) de cada miembro dentro del sistema y los roles familiares que nacen del vínculo son muy importantes, puesto que todo sistema necesita una fluida y clara comunicación de sus miembros. En cuanto a los límites, estos surgen de un balance equilibrado entre permisos y frustraciones que se pueden aceptar y modificar de forma negociada a medida las responsabilidades y el crecimiento de los niños, posteriores adolescentes y futuros adultos va llegando. El sentimiento de satisfacción y pertenencia aparecen en aquellas familias donde la relación que hay entre sus miembros, los límites existentes y los roles de sus miembros están en constante equilibrio y adaptación ante los diferentes cambios de ciclo que experimenta una familia a lo largo de su vida.

Finalmente, querría decir que todos los momentos decisivos a lo largo del ciclo vital de una familia demandan cambios en el concepto de un mismo y en el sentido de identidad y, negarlo o negarse no nos ayudará ni a nosotros ni a nuestros niños, adolescentes y futuros adultos ante aquello que es eterno e inevitable: el cambio. Y nuestra facilidad o dificultad de adaptación ante este.

Acabo con una cita de Erich Fromm (psicólogo alemán) que yo asocio mucho al tema de hoy:

Dar produce más felicitado que recibir, no porque sea una privación sino porque en el acto de dar está la expresión de mi vitalidad.

¡Buen otoño a todos, hasta pronto!

Imma Reig Vilarrubla

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