Vacaciones de verano y familia

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En el post de hoy quiero compartir con todos vosotros algunas reflexiones, sensaciones, pensamientos, emociones y sentimientos que cada año se despiertan en este momento del año, las vacaciones de verano, época en que los ritmos de los adultos se adaptan constantemente y más que nunca a los ritmos de los pequeños de la casa que, ellos sí, están de vacaciones de verano.

En mi caso, las vacaciones de verano representan más tiempo en familia, sobre todo, con los pequeños de la casa donde las rutinas invernales, de horarios establecidos desaparecen y, de repente, desde que se acaba el periodo de escuela hasta que se vuelve a iniciar en septiembre, hacemos malabarismos, entre todos para cubrir los espacios donde, de un día para otro, el día tiene más horas para ellos y las mismas para los padres y, donde al día siguiente no hay escuela y sí, en cambio, toca ir a trabajar.

El verano representa para mí un conjunto de momentos y vivencias (incluso algunas veces, exigencias) que no siempre me resultan fáciles de gestionar. Si no paro atención a que me pasa con aquello que vivo día a día, fácilmente puedo conectarme con el enfado o el mal humor en lugar de dejarme llevar por la ligereza o la adaptación al cambio de ritmo, personal, laboral y familiar que son los meses de julio y agosto.

Cuando los planes no salen como querría o los pequeños están más nerviosos por el calor y piden hacer, hacer y hacer me resulta fácil enfadarme o ponerme malhumorada pidiendo inconscientemente a los niños con mi actitud que tengan una conciencia de la realidad que no es la suya. Cuando en lugar de adoptar una actitud rígida respiro y puedo comunicarles que mama no tiene un buen día, que no es fácil seguir su ritmo y que al final del día estoy cansada, el mismo peso se aligera y el día se vuelve a encarrilar sin crear ningún cortocircuito al sistema.

Siguiendo con la atención a aquello que siento emocionalmente y corporalmente, otro de los factores que intento, bien en este caso, intentamos puesto que es bidireccional, es atender aquello que nos pasa a mí y a mi compañero como padres, como pareja y como profesionales cuando esta última parte entra a casa, para nosotros atender es poder identificar que nos pasa individualmente y poderlo trasladar con palabras, compartiendo, escuchando y, reconduciendo si está en nuestras manos y, si así lo queremos ,comportamientos o actitudes que nos duelen y que podemos cambiar. El tramo complicado llega cuando en lugar de reconducir sólo puedo aceptar aquello que hay, la realidad tal y cómo es, y me conecto con sensaciones desagradables que preferiría no tener que transitar.

Este último punto es muy importante, la comunicación, la comunicación con los hijos, con la pareja y en los tiempos donde los minutos de convivencia familiar aumentan si en lugar de actualizar aquello que sentimos, aquello que queremos, aquello que necesitamos, tan individual como familiarmente hablando, nos dejamos llevar por la inercia y no ponemos atención a lo que sentimos este tiempo puede ser pesado en lugar de fructífero y dinámico para todas las partes y actores del sistema.

Para el mundo de la pareja, y no sólo de las familias con hijos, el verano y las vacaciones de verano también suponen un mayor tiempo compartido puesto que el tiempo de convivencia aumenta y como decía en el párrafo anterior es importante que haya una comunicación fluida, que seamos capaces de expresar aquello que necesitamos personalmente y que pulamos las pequeñas desavenencias que, fruto del día a día, se vayan generando sin acumular resentimientos hacia la pareja de forma inconsciente, ni tampoco queriendo con nuestra actitud complacer en todo al otro olvidándonos de nosotros mismos, bajo la noble intención que el otro esté contento, pagando el peaje de nuestra incomodidad, evitando atender o escuchar nuestras necesidades individuales; si por el contrario las compartimos, podemos llegar a puntos comunes donde los dos nos sentimos atendidos y satisfechos con el otro.

Cómo habéis ido viendo, este mes es un escrito donde mi intención primera y última es poner atención a lo que para cada uno le representan las vacaciones de verano, el tiempo de relación que compartimos con aquellos que queremos y que, al ser verano, incrementa en muchos casos. Si fluimos con nosotros mismos y con los otros de bien seguro que será un verano fructífero, pleno de vivencias, sensaciones y relaciones que nos ayudarán a crecer y disfrutar del día a día, del sol de los días y de la fresca de las noches de verano.

Para acabar, cerraré el post con una cita en relación con la comunicación que me gusta mucho. Sin más aditivos, muy buen verano a todos, que cada día sea un nuevo y gran día, desde las cosas más pequeñas a las más grandes que viváis este verano, mucha salud y vida a todos, ¡hasta pronto!

Si uno se siente incómodo con alguien puede estar seguro que no hay una comunicación verdadera. Tan pronto como uno expresa genuinamente desaparece toda la incomodidad (F. Perls).

 

Imma Reig Vilarrubla

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