Los duelos y la gestalt

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En este post voy a compartir con vosotros algunas reflexiones y experiencias vividas en momentos de acompañamiento gestáltico en procesos de duelo y/o momentos de cambios vitales para las personas.

Muchos autores coinciden en entender el duelo como un proceso de elaboración de una pérdida. El duelo implica estar en contacto con el vacío que nos ha generado lo perdido, sentir su importancia y transitar el dolor y la frustración que nos genera su ausencia. En este sentido, cualquier pérdida significativa tiene asociada un duelo (una separación, un cambio de residencia, una pérdida de trabajo, una muerte de un ser querido...). Siguiendo con palabras de J.Bucay de su libro El Camino de las Lágrimas, “el duelo es el proceso normal de elaboración de una pérdida, tendiente a la adaptación y armonización de nuestra situación interna y externa frente a una nueva realidad”, este concepto de adaptación frente a una nueva realidad me traslada a experiencias de cambios vitales de las personas en las que se impone una nueva realidad que sustituye a la anterior, y aquello que fuimos o hicimos ya no está presente en nuestro nuevo día a día. Allí emerge la dificultad de adaptación a lo nuevo, lo desconocido, al vacío que ahora representa un día por escribir con nuevas rutinas por crear.

Como terapeuta gestalt, he tenido la suerte de acompañar a personas en momentos de impase y de cambios vitales. Un ejemplo de un duelo que se silencia, es el que aparece en el inicio de la etapa de la jubilación; es un momento muy especial, un anhelo para algunas personas, en el que las rutinas diarias se rompen por completo. Ese momento que para algunos es vivido como una recompensa, como un premio, es doloroso para otras personas. Recuerdo un proceso en el que una clienta, después de una vida de trabajo y de entrega a los hijos y a los demás en que el día a día tenía un ritmo frenético, y donde quedaba poco espacio para ella misma al fin de día, se encontró de golpe con la pausa y el silencio. Sintió la soledad y el vacío de una casa en la que correteaban niños que más tarde se transformaron en adultos, con sus entradas y salidas más o menos frecuentes, hasta abandonar definitivamente el nido. De repente, el silencio y el vacío chocan con los deseos incumplidos de un futuro imaginario con la casa llena de hijos y nietos que, no ha sido ni será. Éstos anhelos incumplidos pesan como losas y hacen que la persona caiga hondamente para luego levantarse y reinventarse de acuerdo a sus potencialidades y limitaciones presentes, creando por primera vez después de mucho tiempo un nuevo mundo para ella, tanto interna como externamente, recordando o preguntándose, qué quiere ser, qué quiere hacer ella y, únicamente ella, en su etapa de vida actual, respetando sus nuevos ritmos corporales, emocionales y cognitivos.

Para E.Kubber Ross existen cinco etapas en la gestión del duelo por las que solemos pasar las personas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. No existen reglas para la gestión de estas fases aunque después de mi experiencia sí que creo que existen factores importantes que afectan al curso del duelo: las variables de la personalidad, la extensión y calidad del soporte social (red social) y la situación económica de la persona.

Me gustaría comentar un poco la etapa de depresión dónde la tristeza puede aparecer acompañada de otros síntomas como la falta de motivación para afrontar el día a día, la apatía, la baja autoestima, el aislamiento o la disminución/suspensión de las funciones normales del aparato psicomotriz. Es en esta etapa, en la que más habitualmente las personas me han pedido ayuda e iniciado procesos de acompañamiento gestáltico. Es una fase dónde la persona necesita sobretodo sentirse acompañada, escuchada y entendida, necesita un ambiente que facilite la expresión de sus emociones (llanto, rabia, tristeza...), que sea confortable, afectuoso, empático y seguro. Por su parte, el cliente tendrá como principales tareas la aceptación de la realidad perdida y la experimentación de las emociones y el dolor que conlleva la pérdida. Al finalizar el proceso terapéutico la persona pasa del apoyo externo (terapeuta/ambiente) al autoapoyo (apoyo interno) para seguir adelante por sí misma en esta nueva etapa de su vida. Tal y como dijo F. Perls: “El proceso terapéutico consiste en pasar de la necesidad de apoyarse en otro a la capacidad de apoyarse en uno mismo”.

Cómo terapeuta he podido observar a menudo la efectividad de parafrasear lo dicho por el cliente, lo que me permite comprobar que he entendido correctamente lo que quería transmitirme o, por contra, nos ha permitido precisar ideas erróneas y, también, el valor terapéutico de respetar los silencios. Respetar los tempos de cada persona, que las personas lleguen a identificar y poner nombre a las emociones sentidas facilitándoles la expresión emocional ayuda a transitar la pérdida y avanzar hacia nuevos constructos.

Finalmente, terminaré este escrito con una cita de Claudio Naranjo (La vieja y Novísima Gestalt): “La Terapia Gestalt tiene por objetivo el despertar de la conciencia, del sentido de la actualidad y de la responsabilidad; es equivalente a decir que su objetivo es la capacidad de vivenciar.”

PD: os recomiendo el libro Sobre El Duelo Y El Dolor (Elisabeth Kübler-Ross, David Kessler)

Imma Reig

 

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